El claustro sufrió daños a consecuencia
del terremoto de Lisboa en 1755, siendo restaurado
por García de Quiñones, quien
plasmó el estilo neoclásico. Desde
el claustro se abren distintas capillas, como
la de Talavera, construida en 1180, la más
antigua, La capilla de Santa Bárbara
-donde se realizaban los severos exámenes
para conseguir el grado de doctor por la Universidad
de Salamanca- fundada en 1334 por el obispo
de Salamanca. También la capilla de Santa
Catalina, del siglo XII, y reconstruida en el
periodo de los Reyes Católicos y por
último, la capilla de San Bartolomé,
que completa el recorrido, fue fundada por Diego
de Anaya, arzobispo de Sevilla, en el siglo
XV.